Al final del túnel
del domingo
—lunes—
—lunes—
y cuando la
semana se convierte
en fiesta
—viernes—
—viernes—
me refugio en un
sueño
de amor viejo.
En el café del Teatro
a las cuatro
y quince de la tarde
hora llave
del encuentro
mezclo
en el fondo de la taza
azúcar y esperanza
bebo lentamente
observo por
encima de mis lentes
mirada mariposa
explora
rostro
a rostro
sombra
a
sombra
busca
la dulzura
las facciones
cuyo nombre
está
prohibido
que sea dicho
traza
caza
anticipa en el aire
silueta en el aire
perfil en el aire
aire
ausencia
memoria
historia
de su presencia.
Ya no fumo e invento
escribir estos versos
a contrapelo
del flujo del segundero
y espero
espero
la
espero
“vendrá
es sólo cuestión de tiempo”
así pienso
¿pues cómo aceptar que un sentimiento
tan auténtico
tan intenso
sea ignorado
olvidado?
Así
que vendrá y
es sólo
cuestión de tiempo.
El viejo
mesero
comprende
“¿Lo de siempre?”
Lunes y viernes
siempre
vigila mis estancias.
Para montar guardia
una taza de café es mi pretexto
para diluir el tiempo
camuflar la espera
ser obvio
como las mesas:
“no pasa
nada
¿no ve?
sólo me tomo un café”
resultar
natural
y simple
lunes y viernes a las cuatro y quince
decir ¡hola! y
¡adiós!
desde este sitio
para dos
y mudamente pido
para mí
mismo
que no se
sienten conmigo
que no ahuyenten
al tímido
jilguero
que espero
se pose en la
rama silla al frente mío.
Lunes y viernes
siempre
a las cuatro y
quince del reloj
exacto
pero el corazón
del hoy
adelantado
me siento
y espero
me aferro
en mi pensamiento
al recuento
de los gestos
de las pequeñas
señales
las ocultas señales
las claves
de lo probable
la predicción
del curso de la pasión
y de cuándo
cuándo
lunes o
viernes
será que llegue.
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