Al azar debemos
los encuentros.
¡Ah fatalidad!
Desprevenidos
vertemos
la mirada
al mundo
y allí está
el rostro
y la
presencia
que para siempre
adoraremos
aunque la pasión
sólo llegue a
cumplirse
en el dolor.
Arrastrados
por el furtivo cazador
nos internamos
en la densidad
selvática
de una esperanza.
Y como el
marinero
que sin brújula
o carta
y dotado tan sólo
del deseo
de llegar
arriesga todo
al misterio
en la estrategia
de los vientos
así trazamos
el curso
improbable
hacia
la región
de nuestro sueño
material
¡Ah impaciencia!
¡Cuánta
prudencia
dejaremos de
lado
frente a la llamada!
Ante el anhelo
¡a qué largo
viaje
estaremos
dispuestos!
No hay comentarios:
Publicar un comentario