Con ternura
lamo
tus heridas
—las ocultas
heridas
que no
sangran—
tomo tu mano
y te conduzco
a
paso
lento
hacia la orilla
y
retornando
doblamos
el
sendero
mirándonos
los
ojos
mientras
un viento de
amor
sobre las nieblas
poderoso
devuelve
a la noche
una
a
una
las estrellas.
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