jueves, 24 de abril de 2014

Isla. 2 - Atormentado es el mar

Atormentado es el mar.
Sísifo de las arenas.

¡Oh, tan estéril quehacer!

¡Líquida futilidad!

No engaña
su ira tempestuosa,
monstruo de múltiples crestas
ni su desdeñosa calma chicha
imperturbable
                            a toda invectiva.
Y ni siquiera
su primigenio parto de la vida.

Inerte él mismo,
informe,
esclavo del idiota
                                 capricho de los vientos,
sumiso seguidor de la luna,
atrapado en su cuenca de ojo insomne
hasta que el sol
                             disponga de él
                                                         y de todos nosotros
(sus prolongaciones distantes)
como parte de la nova.

Le miro sin piedad.

Ilusionista barato
de enamorados y de poetas.

Balbuceador interminable.

Siendo su descendencia
nos heredó el sinsentido.

Somos su oleaje proyectado.

Una muy pequeña
venganza personal nos queda:
ser su observador y testigo,
porque,
por encima del inmenso absurdo,
improbable isla,

al fin nos queda la conciencia.

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